Hablando con unos padres, estos me miraban con perplejidad porque les estaba hablando de los talentos de su hija, de aquello que la hacía especial y diferente. Al cabo de un rato la madre me dijo: «La gente normal como nosotros no somos capaces de ver todo eso, no estamos preparados para darnos cuenta de los talentos de los otros». Me sorprendió su reflexión. Me hizo gracia ver como las creeencias limitadoras nos limitan tanto, que ni intentamos ver el potencial de los otros porque nos parece imposible descubrirlo sin ajuda.
Recuerdo que le pregunté a la madre: » ¿Tú eres capaz de ver los defectos en los otros?». Ella con la mirada medio avergonzada, confesó: «Hombre, sí, eso lo sabe hacer todo el mundo.» Y aproveché para explicarle: «Si eres capaz de ver los defectos, también lo eres para descubrir los talentos y las habilidades de los otros, porque es exactamente lo mismo. Simplemente hace falta que pongas la atención en buscar aquello bueno que tienen los otros».
No sé si os habéis parado a pensar cuantos minutos gastamos al día para mirar los errores de los otros. Y ¿cuánto tiempo invertimos en descubrir aquello positivo? ¿De verdad que no nos damos cuenta de aquellas actitudes que cohesionan?, ¿de aquellas miradas que aprueban, de aquellos comportamientos que suman, o de aquello que se le da bien a alguien naturalmente?
Todos somos todo. Somos talento y somos defecto. Y si cada día dedicas muchos minutos a buscar los defectos, serás un especialista en ver las imperfecciones de los otros. Y si haces lo contrario, serás un experto en detectar el talento, de ver el potencial, aquello que hace tan especial a cada uno de nosotros. Y si buscas oportunidades para practicarlo estos días de Navidad, posiblemente todos tendremos alguno: cuñada, suegro, primo…
Cristina Gutiérrez Lestón


