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Blue Monday: una oportunidad para escuchar la tristeza

Fecha de publicación

19 Ene, 2026

Categoria

Cristina Gutiérrez Lestón

Educadora Emocional, Conferenciante, Escritora y Directora de La Granja

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Cada año, el llamado Blue Monday vuelve a ocupar titulares como “el día más triste del año”. Sin embargo, desde la Educación Emocional, esta fecha puede leerse de otra manera: no como una condena emocional, sino como una oportunidad pedagógica.

Para Cristina Gutiérrez Lestón, Educadora Emocional e investigadora en el campo de las competencias emocionales aplicadas, el foco no debería estar en evitar la tristeza, sino en entender qué nos quiere decir

La tristeza no es un error que haya que corregir. Es una emoción necesaria que nos invita a parar, revisar y recolocarnos por dentro. El problema no es sentir tristeza, sino no saber qué hacer con ella.”

Hablar claro sobre la tristeza

Enero suele ser un mes de reajuste: volvemos a la rutina, bajan los niveles de energía, aparecen balances internos y exigencias externas. En este contexto, sentir más bajos los ánimos no es un fracaso personal, sino una reacción humana.

Desde la mirada de Cristina Gutiérrez Lestón, educar emocionalmente implica legitimar lo que sentimos y dotarnos de recursos prácticos para acompañarlo de una manera que nos sea útil y funcional.

Recursos prácticos para el día a día

Cristina propone 5 acciones sencillas y aplicables tanto en casa como en la escuela o en entornos profesionales:

1. Poner nombre a lo que sentimos
“No estoy bien” no es lo mismo que “estoy cansado”, “estoy triste” o “me siento desbordado”. La alfabetización emocional es el primer paso, es decir, nombrar la emoción porque al aumentar la comprensión, reduce su intensidad y produce sensación de control.

3. Cuidar el cuerpo para cuidar la emoción

Parar para conectar. Movimientos más suaves al caminar, contacto con la naturaleza y respiración consciente ayudan a regular el sistema nervioso. No es teoría: es biología.

4. Buscar vínculo, no soluciones rápidas
Hablar con alguien de confianza, sin que intente “arreglarlo”, es uno de los factores protectores más potentes del bienestar emocional.

5. Evitar mensajes tóxicos de positividad
Frases como “no estés triste” o “podría ser peor” desconectan. Validar la emoción, conecta y acompaña.

¿El objetivo? Educar para la vida, no para evitar el malestar

Desde la Educación Emocional insistimos en una idea clave: el objetivo no es estar siempre bien, sino saber volver al equilibrio cuando no lo estamos.

“Si enseñamos a niños, jóvenes y adultos que todas las emociones tienen una función útil para nosotros, estamos construyendo resiliencia real, no falsa.”

En lugar de señalar un día como “el más triste del año”, proponemos aprovecharlo para abrir esas conversaciones que necesitamos desesperadamente, seamos niños/as o adultos, especialmente cuando el mundo parece haber perdido los valores que nos inspiran y guían hacia la alegría y el optimismo.  

Recordemos que el bienestar no se construye evitando la tristeza, sino aprendiendo a caminar con ella cuando aparece.

2. Bajar el ritmo sin culpa
La tristeza pide pausa, pide parar. Reducir las horas de conexión a las pantallas, evitar escuchar las noticias negativas del mundo, reducir exigencias y expectativas, o permitirse no estar al 100% es una forma de ayudar a la tristeza a hacer su trabajo: el de recolocarnos por dentro, en un nuevo orden, ante aspectos de la vida que sentimos como una pequeña o gran perdida.

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