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El peligro de confundir la alegría con la felicidad

Fecha de publicación

28 Feb, 2025

Categoria

Cristina Gutiérrez Lestón

Educadora Emocional, Conferenciante, Escritora y Directora de La Granja

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En un mundo convulso y acelerado, donde nos han vendido que la felicidad es estar de vacaciones en una tumbona o poder comprar lo que quieres, surge una cuestión; ¿por qué cuando logramos lo que queremos o habíamos soñado, pronto se acaba el bienestar e incluso, nos sentimos mal sin un motivo aparente?

Aitana, popular cantante catalana explicaba, aún sorprendida, su diagnóstico de depresión en un programa de televisión de máxima audiencia: “aun no entiendo como teniéndolo todo, llego a casa y no puedo dejar de llorar”. Como ella misma relataba, cuando no hay una razón aparente para tu tristeza, la niegas, no le das el derecho a estar ahí porque supuestamente “no toca” e incluso “te avergüenza”.  Además, nos hemos creído (o nos han enseñado) que la felicidad es cuestión de éxito y de tener, pero nada más lejos de la realidad si nos adentramos a entender el mundo emocional desde la rigurosidad de la ciencia.

Las emociones son preconscientes, es decir, pasan antes de la consciencia, por lo tanto, no podemos evitar sentir ni tristeza, ni miedo, ni ira, pero sí podemos regularlas (y, la ciencia aplicada que nos enseña a hacerlo se llama Educación Emocional). Las emociones, además, nos ayudan a sobrevivir como especie, así pues, cada una tiene una importante misión para con nosotros; el miedo nos aparta del peligro, la ira no da la fuerza para luchar contra lo que sentimos como injusto, la tristeza nos recoloca por dentro en un nuevo orden cuando hemos sentido algo como una pérdida… La parte negativa es que somos analfabetos emocionales, por tanto, demasiadas veces son las emociones quienes nos gestionan a nosotros, en vez de al revés.

Siempre explico que las emociones son como un piloto del cuadro de mandos de nuestro coche, si uno se enciende, es mejor parar y ver que está pasando, en vez de seguir circulando por la autopista hasta que salga humo del motor. Cuando las lágrimas se acumulan por la noche sin un motivo aparente, o no nos sentimos bien, paremos un momento y preguntémonos de qué me está avisando, porque es lo que esa emoción está haciendo contigo, previniendo, anticipándose para que no acabes tirada en la carretera.

Y la cuestión de fondo de la que quería hablar en estas líneas; la peligrosa confusión entre alegría y felicidad.

La alegría es una emoción intensa pero corta, que segrega una hormona llamada Dopamina (también conocida como la hormona del placer). Cuando tenemos una subida de Dopamina, después tendremos siempre una bajada. Algunas emociones de la Alegría* son: el entusiasmo, la euforia, la excitación, el contento, la diversión, el placer, el estremecimiento, la satisfacción, el capricho, el éxtasis, el alivio o el humor.

La felicidad en cambio, en un proceso interno muy complejo, un trabajo personal que pasa piel adentro. Para entender la diferencia con la alegría, veamos cuales son las emociones de la Felicidad*: el bienestar, la satisfacción, la armonía, el equilibrio, la plenitud, la paz interior, la tranquilidad, la serenidad, el gozo o la dicha. Y cuando sentimos estos fenómenos emocionales, la hormona que segregamos se llama Serotonina (también conocida como la hormona de la felicidad), que, a diferencia de la Dopamina, es menos intensa, no tiene picos pero puede mantenerse estable durante mucho tiempo.

El peligro llega con la confusión. Cuando un padre me dice “le compraré el nuevo modelo de móvil a mi hija, así la haré muy feliz” siempre les contesto lo mismo “no, la pondrás muy contenta pero no la harás feliz porque eso es algo que ha de hacer ella consigo misma”. Creo que debemos enseñar a los niños y jóvenes que somos responsables de nuestra felicidad, no de la de nuestros padres, abuelos, amigos o parejas. Por supuesto, podemos ayudar si tratamos bien, y dificultar si tratamos mal, pero cada uno es responsable de su propia felicidad porque el equilibrio o la paz interior es un proceso personal de autoconocimiento.

Confundir el éxito o el tenerlo todo con la felicidad, como veis, es un error que muestra nuestro nivel de analfabetismo emocional. Lo que nos lleva a la plenitud, la satisfacción y la paz interior suele ser, para la mayoría de los humanos, el trabajar o acercarnos a nuestro propósito vital, a aquello que para cada uno tiene sentido, y puede alcanzarlo, además, respetando sus valores, los cuales estarán influenciados por su cultura y educación. Fuera de eso, todo serán chutes de dopamina que nos ilusionarán, que nos pondrán contentos, y será genial, pero después recordemos que sentiremos la bajada y deberíamos saberlo para estar preparados (y no sentirnos mal o con esa sensación de que nunca es suficiente).

Tal vez el propósito de muchos artistas es hacer sentir bien a las personas a través de su música, o ayudarlas con sus letras. Tal vez el mundo acelerado es enemigo del equilibrio y la serenidad. Tal vez la industria musical ha confundido el propósito de ayudar o hacer sentir bien por el de la fama y el dinero. No lo sé. Lo que sí sé es que confundir la alegría con la felicidad es un peligro más que evidente que veo cada día en mi trabajo. ¿Lo evitamos entendiendo la diferencia? 😊

Cristina Gutiérrez Lestón. Educadora Emocional

*Universo de la Emociones. Bisquerra Alzina, Rafael (2015)

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