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¿Celebramos el día de la felicidad sin confundirla con la alegría?

Fecha de publicación

13 Mar, 2025

Categoria

Cristina Gutiérrez Lestón

Educadora Emocional, Conferenciante, Escritora y Directora de La Granja

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En un mundo convulso y acelerado, donde nos han vendido que la felicidad es estar de vacaciones o poder comprar lo que quieres, surge una cuestión; ¿por qué cuando logramos lo que queremos o habíamos soñado, pronto se acaba el bienestar e incluso, nos sentimos mal sin un motivo aparente?

Cuando no hay una razón concreta para tu tristeza o malestar, la niegas, no le das el derecho a estar ahí porque supuestamente “no toca”.  Además, nos hemos creído (o nos han enseñado) que la felicidad es cuestión de éxito y de tener, lo que empeora la situación. Pero nada más lejos de la realidad si nos adentramos a entender el mundo emocional desde el rigor de la ciencia.

Las emociones son preconscientes, es decir, pasan antes de la consciencia, por lo tanto, no podemos evitar sentir ni tristeza, ni miedo, ni ira, pero sí podemos regularlas. Las emociones, además, nos ayudan a sobrevivir como especie, así pues, cada una tiene una importante misión para con nosotros; el miedo nos aparta del peligro, la ira no da la fuerza para luchar contra lo que sentimos como injusto, la tristeza nos recoloca por dentro en un nuevo orden cuando hemos sentido algo como una pérdida… La parte negativa es que somos analfabetos emocionales, por tanto, demasiadas veces son las emociones quienes nos gestionan a nosotros, en vez de al revés.

Las emociones son como el cuadro de mandos de nuestro coche, si un piloto se enciende, es mejor parar y ver que está pasando, en vez de seguir circulando por la autopista hasta que salga humo del motor. Cuando las lágrimas se acumulan por la noche sin un motivo evidente, o no nos sentimos bien, paremos un momento y preguntémonos de qué me está avisando, porque es lo que esa emoción está haciendo contigo, previniendo, anticipándose para que no acabes tirada en la carretera.

Y la cuestión de fondo, ¿por qué es peligroso confundir la felicidad con la alegría?

La alegría tiene que ver con el entusiasmo, el optimismo, la ilusión, el ánimo, la euforia, el éxito, la diversión, el contento, el placer, la esperanza o el humor*. Es una emoción intensa pero corta, que segrega una hormona llamada Dopamina (también conocida como la hormona del placer). Cuando tenemos una subida de Dopamina, después tendremos siempre una bajada. La dopamina nos gusta, nos engancha y nos hace querer repetir (una partida más, un trozo más de chocolate, otro capítulo…) para evitar el malestar que provoca “la bajada”.

La felicidad en cambio, en un proceso interno más complejo, un trabajo personal que pasa piel adentro, y tiene que ver con la paz interior, la serenidad, la calma, el equilibrio, la armonía, el compromiso, la plenitud, la tranquilidad o la dicha.  Cuando sentimos estos fenómenos emocionales, la hormona que segregamos es la Serotonina, que, a diferencia de la Dopamina, es menos intensa, no tiene picos, pero puede mantenerse estable durante mucho más tiempo.

El peligro llega con la confusión. Cuando un padre me dice “le compraré una bici a mi hija, así la haré muy feliz” siempre les contesto lo mismo “no, la pondrás muy contenta pero no la harás feliz porque eso es algo que ha de hacer ella consigo misma”. Creo que debemos enseñar a los niños y jóvenes que cada uno es responsable de su propia felicidad. Por supuesto, podemos ayudar si tratamos bien, y dificultar si tratamos mal, pero el equilibrio y la paz interior es un proceso personal de autoconocimiento.

Confundir el éxito o el tenerlo todo con la felicidad, como veis, es un error que muestra nuestro nivel de analfabetismo emocional. Lo que nos lleva a la plenitud, la satisfacción y la paz interior suele ser, para la mayoría de los humanos, el trabajar o acercarnos a nuestro propósito vital, a aquello que para cada uno tiene sentido, y puede alcanzarlo, además, respetando sus valores, los cuales estarán influenciados por su cultura y educación. Fuera de eso, todo serán chutes de dopamina que nos ilusionarán, que nos pondrán contentos, y será genial, pero después recordemos que sentiremos la bajada dopaminica y deberíamos ser conscientes para estar preparados (para gestionar la sensación de vacío, o el necesito más, o el nunca es suficiente).

Un mundo acelerado es enemigo del equilibrio y la serenidad, lo que complica alcanzar la felicidad. Además, la alegría a corto plazo parece habernos invadido con las pantallas y sus chutes constantes de dopamina. Por ello, confundir la felicidad con la alegría es un peligro más que evidente que veo cada día en mi trabajo. En este día mundial de la felicidad, ¿evitamos la confusión entendiendo la diferencia? 😊

Cristina Gutiérrez Lestón. Educadora Emocional. Directora de La Granja Ability Training Center.

*Universo de la Emociones. Bisquerra Alzina, Rafael (2015)

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