La sobreprotección de los padres hacia sus hijos es como una burbuja que crece y crece, y que, a medida que lo hace, se vuelve más peligrosa para ellos. Así nos lo explica Cristina Gutiérrez Lestón, educadora emocional, escritora e investigadora de Educación emocional aplicada, que, además, nos ofrece muy buenos consejos para hacerle frente y darles más oportunidades a los niños.
Nuestros hijos e hijas no son de cristal, ni necesitan algodones que los preserven. Si se caen no se rompen en mil pedazos, como mucho, algún rasguño que les recordará donde está su límite, o que del error se aprende, y mucho.
“Soy valiente y no lo sabía” dice Julia, de 7 años, tras hacer una actividad con el caballo, pero ¿cómo descubrir su valentía si no les permitimos afrontar sus temores cotidianos?


